Valeria Boltneva at Pexels

RELATO DE UN SHOW EROTICO DE UNA STRIPER

in DE PUB LIBERAL/PORTADA

Un relato de un show erótico de una de las mejores strippers – ¿Un espectáculo erótico en Barcelona puede ser la base para relatos eróticos?

RELATO – SHOW EROTICO – STRIPER

agosto 2019

Un show erótico nos sirve para iniciar un relato, que puede ser de una stripper, o de alguien que usa de sus servicios. Podríamos bien inspirarnos en uno de los mejores y más calientes espectáculos eróticos de la ciudad de Barcelona. El show de Dom Barcelona. Ahí tienen lugar muchos de los mejores acontecimientos eróticos de la ciudad. Espectáculos incontenibles, intensos, y las fiestas temáticas más amenas a las que puedes ir con tus amigos. El entretenimiento en el sentido más extenso de la palabra y los Shows eróticos de las noches más calientes. Acontecimientos imborrables con actrices porno, bailarinas profesionales, disfraces, las escorts más bellas y sensuales. Las camareras se unen a nuestra celebración a fin de que la noche barcelonesa tenga para nosotros infinitas posibilidades.

La novia de Carlos es stripper. Ella le baila en privado, y le gusta.

No cabe duda de que tener una profesión o bien otra facilita o bien empeora las relaciones. Las que peor lo tienen son las personas que se dedican al mercado sexual. Y es el caso de los y las strippers. Pero todo tiene una forma de encajar. Porque Carlos dice que desde que es pareja sentimental de una stripper su forma de verlas cambió radicalmente.

Antón salió con una stripper unos meses. Se conocieron mediante amigos en común. Confiesa que al empezar con ella no sabía a qué se dedicaba, y que lo descubrió a un par de semanas, cuando ella decidió contárselo. Vio la preocupación en sus ojos. Al comienzo estaba indeciso, de continuar con ella. Pero al final sí que siguieron por un tiempo. En una ocasión fue a verla actuar, algo que dejó a la joven «aturdida», puesto que se aproximó y le preguntó qué hacía allá. Le agradaba que fuera bailarina; era sexy.

Peter es el protagonista de otra historia. Conoció a su aún novia stripper en la escuela, es decir de bien jóvenes. No sabía a qué se dedicaba verdaderamente, aunque una noche ya lo intuyó. Ella le preguntó «¿qué pensarías si, hipotéticamente, comenzara a trabajar de stripper?». Él le afirmó que no le importaría demasiado, y, sin embargo, la fémina no volvió a sacar el tema. Sabía que su novia trabajaba jueves y viernes como camarera. Para él era apasionante salir con ella. Sigue hoy en día con su novia, stripper.

Ana y Samuel se conocieron en la universidad hace unos años. Cuando empezaron a salir ella no era bailarina de clubes, sino más bien modelo. Fue honesta con él en todo instante, y cuando le afirmó que pensaba trabajar como stripper no le hizo mucha gracia. Le cogió desprevenido. No estaba totalmente persuadido con la idea, y sin embargo le afirmó que iba a respetar la relación por encima de todas las cosas. Le afirmó que iba a apoyarla, y que estaría a su lado fuera como fuera su decisión. Ojos que no ven…

Ser stripper no es un problema

Parece que dedicarse al baile erótico ya no supone un inconveniente para entablar una relación. El caso más atractivo lo tenemos en la realeza. El compromiso entre Sofía Hellqvist con Carlos Felipe de Suecia que si bien desató una polémica brutal por el hecho de que había sido stripper, pasó la cosa sin pena ni gloria. Desde junio de dos mil catorce hasta el día de la boda, el trece de junio de dos mil quince, la Casa Real de Suecia puso en marcha su maquinaria a fin de que el pasado de la exbailarina quedase en un segundo plano y se convirtiera en una princesa.

LAS GEMELAS

Una vez me contaron que Ana, tras tres horas conduciendo deseaba llegar a casa de su hermana. Son gemelas y habían perdido a sus progenitores desde muy niñas. Se habían criado con sus tíos, hasta el momento en que fueron capaces de sostenerse económicamente por ellas mismas. Se fueron a vivir juntas, aunque más tarde los estudios terminaron separándolas. Rocío se fue a una universidad de la capital al paso que Ana se quedó en su urbe natal.

La última vez que charló con su hermana, le afirmó que había dejado sus estudios. Una pequeña maleta con los bártulos de aseo la acompañaba, su hermana y ella siempre se habían intercambiado la ropa, con lo que no le hacía falta llevar nada. Tenían las dos una buena figura, un trasero bien puesto y unas desprendidas tetas. Rocío se había cortado el pelo, la zona de la nuca prácticamente rasurada y una media melena coronaba el resto de la cabeza. Y se había teñido el pelo de un colorado intenso.

Tras conducir un buen rato llegó al lugar en donde habían quedado, un solitario bar de carretera con unos neones enormes. Los peores miedos de Ana tomaron forma cuando vio aparecer a su hermana, vestida de enfermera putilla, al son de una sensual música. Al poco tiempo, su hermana había perdido la mayoría de su ropa y entonces es cuando sacó un consolador enorme de un lado del escenario. 

La asiática dueña del local torció el morro de una forma prácticamente inapreciable cuando Cristina llamó «antro» a su club. «En cualquier instante puede dejar el trabajo y también irse» -dijo. No dejaba de mirar fijamente a los ojos de Ana, y daba la sensación de que ni tan siquiera pestañeaba.

RELATO DE UN SHOW EROTICO DE UNA STRIPER
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Llevaba un ligero vestido ajustado que destacaba su figura, y el pelo le llegaba hasta la cintura. La muchacha estaba inquieta, deseó levantarse mas algo se lo impedía, no era capaz ni tan siquiera de procurarlo.

Pero… No puede ser feliz haciendo esto… 

La señorita se puso delante de Ana, agachándose para poner su cara a la altura de ella. No podía parar de mirar esos ojos. Creía perderse en ellos, navegar en un mar verde de sensualidad y erotismo. Procuró revolverse de la silla, quitarse a esa mujer de encima, mas todo era inútil, la señorita oriental apenas tenía las manos sobre los muslos de Ana. Daba la sensación de que la sostenía con toda la fuerza del planeta.

Las manos de la asiática empezaron a moverse por los muslos de Cristina, acariciando la parte interior de estos. Tu hermana es feliz, no tiene preocupaciones, su trabajo la completa y se esfuerza por él. Y no tienes nada que envidiar a tu hermana.

Empezó a desplazar sus manos, avanzando a sus pechos. Volvió a respaldarse en su escritorio para verla bien.

¿Por qué razón no me lo pruebas? Baila para mí… Demuéstrame que eres tan buena como tu hermana… Quítate esa pobre ropa para mí…

Empezó a moverse poco a poco, cerrando los ojos, viéndose. Ana se sentía excelente, jamás se había sentido tan viva. Cada caricia, cada movimiento la animaban a proseguir. Una tras otra, cada prenda fue siendo lanzada, así como el suéter, hasta quedarse en lencería. Para eludir esa sensación, se los quitó a mayor velocidad que el resto de la ropa. Lo has hecho excelente. Y sintió un escalofrío de placer al apreciar la mirada de aquellos ojos en su cuerpo.

Te ha agradado lo que has hecho…

Sin más empezó a masturbar a Ana allí mismo, de pie, en su despacho. Creía fallecer de placer, cerró los ojos gozando de las sensaciones, y procurando acumular en su memoria cada instante de lo que sentía.

Unos días más tarde Ana se había cortado el pelo de igual manera que su hermana. En lugar de colorado lo llevaba de un negro muy oscuro. Empezaron a danzar mezcladas y acariciándose entre ellas. Tenían un trabajo que las agradaba, estaban juntas y hacían lo que les apetecía.

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