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la agenda de una prostituta de lujo
02/12/2019
Una suntuosa casa de scorts en Valencia. Una marca garantiza discreción, glamour y calidad en cada encuentro sexual. Es Felina Valencia, profesionalidad y calidad de servicios del sexo en Valencia. Muy elegantes instalaciones para una experiencia única en un entorno de lujo y confort. Felina es una elección idónea para el mejor sexo en Valencia. En la zona del estadio de Mestalla, en el centro de la urbe.
Diana vive en un piso de renta vieja que le cedió su abuela y es prostituta de lujo. trabaja en secreto. Ni siquiera Marilia, una vecina cotilla, lo sabe. Y mira que se empeña por descubrir que pasa tras las puertas de la casa de su vecina. Tiene que ver que sea una antigua actriz ahora fracasada y bastante trastornada. Hasta un día el casero se presentaba sin informar en la casa de Diana para ver a qué se dedicaba.
Una exprostituta, Irenia, cobra cincuenta euros de alquiler a las chicas por una hora de servicio a sus clientes. Acepta que un día bueno de verano puede sacar de tres mil a cuatro mil euros. Comprende por qué razón Ibiza se ha transformado en la meca de la prostitución para chicas de todo el planeta. En La agenda de Virginia, el primer libro de Alejandra Duque, que provocó mucha polémica, se habla del día a día de estas profesionales.
Es el relato de la alucinante doble vida de una joven que se adentra en un entorno en el que el sexo es algo alucinante. Virginia era su nombre de guerra y su máscara nocturna. Un personaje imaginado en un mundo de lujo a espaldas de su familia y amigos. Virginia por la noche es Alejandra, cautivadora, de buena familia y trabaja como analista financiera. Y el doctor Fleiss parecía tanto un personaje sacado de una comedia familiar de los noventa.
la agenda de una prostituta de lujo
Heidi Fleiss
Empezó a trabajar como canguro para los amigos de sus progenitores con doce años. Una noche la llamaron dos familias y Heidi les mandó a una amiga de confianza. Con trece años ya administraba una red de canguros que monopolizaba el negocio en su barrio de California. Se hacía gorra a las clases para apostar en las carreras y conocía a todos y cada uno de los jinetes.
Lucía Fernández dice que cuando era camarera nadie le preguntaba si iba a dedicarse a eso toda la vida. Renunció a ir a clase pues tenía temor de que su trabajo afectara a lo académico. Lucía Fernández habla claro y sin rodeos. Es una gijonesa de veinticinco años, estudiante de Derecho, y trabajadora sexual, además de actriz porno y protagonista de una cámara web erótica.
Lucía ha hablado hasta en el sala Magna de Derecho en las jornadas «Prostitución, derecho y vulnerabilidad: Regular, eludir y prohibir». Su objetivo es dar su visión sobre la prostitución y las lagunas legales que la rodean. En España hay un limbo legal. Podría darse de alta en autónomos pero aún así su actividad laboral no está reconocida. Ha decidido no hacerlo como un ejercicio de desobediencia civil.