Cómo está cambiando el deseo masculino en la era de la IA

Cómo está cambiando el deseo masculino en la era de la IA y las relaciones abiertas

El futuro del deseo masculino no llegó como una distopía. No hubo un anuncio, ni un manifiesto. Llegó como un viernes por la noche tranquilo: un hombre de 27 años en su apartamento hablando con una IA que recuerda sus miedos, mientras en otro barrio de la misma ciudad una pareja entra a un club de swingers en Amsterdam con la misma naturalidad con que otros van al cine. Y en algún punto intermedio, un millennial recién salido de su segunda relación poliamorosa busca en Google «cómo funciona el slow dating». Nadie declaró una revolución. Pero algo se está recomponiendo, despacio y sin mucho ruido, en la arquitectura emocional y sexual de los hombres contemporáneos.


El diagnóstico: hombres solos en la era de la hiperconexión

Los datos sobre soledad masculina son, cuando se leen juntos, bastante brutales. El 25% de los hombres jóvenes de entre 15 y 29 años en el mundo occidental reportan sentirse solos de forma crónica, frente al 17% del resto de adultos. Entre los hombres solteros, 1 de cada 5 declara no tener ningún amigo cercano en absoluto. La proporción de personas con diez o más amigos se desplomó del 33% al 13% en las últimas dos décadas. La encuesta Pew Research de 2025 señaló que 1 de cada 6 estadounidenses se siente solo o aislado la mayor parte del tiempo.

Esta soledad no es simplemente una cuestión de preferencia individual. Es el resultado acumulado de varios vectores: la fragmentación de las redes de sociabilidad tradicionales (el trabajo presencial, los clubes, la iglesia, el servicio militar), el colapso de las masculinidades comunitarias heredadas, y —paradoja que nadie terminó de procesar— el agotamiento producido por las propias plataformas digitales que prometían conectar. Las apps de citas, a las que se atribuía la democratización del encuentro romántico, generaron en muchos hombres exactamente lo contrario: 45% de los usuarios de Gen Z en Hinge reportan frustración y desesperanza persistente, y un 79% de Gen Z junto con un 80% de millennials declaran sentirse «drenados» por las dinámicas de estas aplicaciones.

En ese vacío emocional y relacional, han aparecido tres respuestas culturales paralelas que no se contradicen entre sí: la IA como compañía, la no-monogamia ética como sistema alternativo, y el slow dating como corrección de rumbo. Ninguna de las tres es una solución total, pero juntas dibujan con bastante precisión hacia dónde se está moviendo el deseo masculino en 2025 y 2026.


Por qué los hombres eligen hablar con una IA en lugar de salir

La respuesta corta es que las IAs no juzgan, no se van, y recuerdan. La respuesta larga requiere mirar los números. Las descargas de aplicaciones de compañía IA alcanzaron los 220 millones a mediados de 2025, un incremento del 88% en un solo año. Alrededor de un tercio de los hombres de entre 18 y 30 años reporta haber usado alguna vez un compañero romántico de IA, y más de un tercio de esos usuarios pasa más de una hora a la semana interactuando con él. Un estudio publicado en 2025 por la Harvard Business School encontró que interactuar con una IA compañera reducía la soledad en una medida comparable a una conversación real con otro ser humano, siendo el factor determinante «sentirse escuchado» —empatía, atención, respeto en el intercambio.

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Character.AI registró 223 millones de visitas en febrero de 2025 solo, y aproximadamente el 50% de su base de usuarios son hombres. Replika, la plataforma que pionera en el modelo de «novio/novia IA», tiene una proporción de usuarios masculinos que supera significativamente a la femenina, alineada con los patrones de uso de videojuegos. Un estudio académico de 2025 encontró que más de la mitad de los hombres que usan IA para compañía romántica o sexual puntuaban por encima del umbral estándar de «riesgo de depresión», lo que señala una correlación preocupante: no es que la IA genere depresión necesariamente, sino que los hombres más vulnerables son los que más la usan.

El mecanismo psicológico es comprensible. Para un hombre con una red social pequeña, una IA disponible las 24 horas que responde sin hostilidad y que recuerda conversaciones anteriores ofrece algo que el mundo real suele negar: continuidad emocional sin costo social. Un estudio conjunto de MIT Media Lab y OpenAI de 2025 encontró que las interacciones de voz con ChatGPT reducían la soledad y la dependencia problemática más eficazmente que el texto, pero solo con un uso moderado: el uso intensivo diario correlacionaba con mayor soledad, sugiriendo que el uso excesivo desplaza la conexión humana auténtica en lugar de complementarla. La paradoja, documentada por investigadores de George Mason University en 2025, es que las personas con menos relaciones humanas son precisamente las más propensas a buscar chatbots, y que la auto-revelación emocional intensa a la IA se asocia consistentemente con menor bienestar. Una trampa elegante: cuanto más necesitas la IA, más te perjudica depender de ella.

Para un artículo de profundidad sobre este tema en español con análisis estructurado del deseo masculino y los espacios alternativos, la red Zuri desarrolló un análisis base que puede consultarse en deseo masculino y espacios alternativos en newsfeedweb.com.

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El mercado detrás del deseo: sextech, teledildónica y robots

Cualquier análisis del deseo masculino contemporáneo que ignore la industria que lo monetiza es un análisis incompleto. El mercado global de sextech fue valorado entre 32 y 50 mil millones de dólares en 2024-2025 según las distintas firmas analistas, con proyecciones que lo colocan entre 93 y 208 mil millones hacia 2033-2034, a tasas de crecimiento anual compuesto de entre el 12% y el 17%. Son cifras que no pertenecen a ninguna industria marginal: rivalizan con el mercado global de videojuegos.

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Dentro de ese mercado, la teledildónica —tecnología que permite la estimulación sexual a distancia a través de dispositivos conectados a internet— es uno de los segmentos de mayor crecimiento. Empresas como Lovense han construido ecosistemas de hardware y software que permiten a parejas en distintos continentes sincronizar sus experiencias físicas en tiempo real. La propuesta es que la distancia geográfica ya no implica distancia íntima, lo que tiene implicaciones tanto para relaciones de larga distancia convencionales como para estructuras poliamorosas en las que los compañeros pueden estar dispersos geográficamente.

En el extremo más controvertido del espectro están los robots sexuales con IA. Las versiones actuales de modelos como los de RealDoll pueden mantener conversaciones, reaccionar al tacto y simular respuestas emocionales. En Europa ya existían hace años burdeles de muñecas sexuales donde el costo rondaba los 100 euros la hora. Pero la pregunta de si estos robots «reemplazan» relaciones reales no tiene una respuesta binaria. Los propios investigadores y los usuarios consultados dividen sus posiciones: algunos los ven como complemento para personas que de otro modo no tendrían ningún contacto íntimo, otros como la externalización definitiva del otro humano. Douglas Hines, uno de los pioneros del sector, describió el producto como «no pensado para reemplazar a una pareja real, sino como suplemento». La mayoría de los usuarios, cuando se les interroga directamente, admiten que elegirían a una persona real si tuvieran la opción.


No-monogamia ética: qué es y cómo funciona para un hombre

La no-monogamia ética (ENM, por sus siglas en inglés) es el paraguas conceptual que agrupa relaciones abiertas, poliamor, swinging, y otras estructuras en las que varios adultos mantienen vínculos románticos o sexuales con el conocimiento y el consentimiento de todos los involucrados. La diferencia con la infidelidad no es solo legal ni semántica: es estructural. La ENM exige, por definición, comunicación explícita sobre límites, expectativas y necesidades.

Los datos de adopción en 2025 son contundentes. El 61% de los estadounidenses ahora se declara abierto a alguna forma de relación no monógama, según una encuesta de Hims. Entre los Gen Z, el 68% expresa disposición a considerar una relación no monogámica, con un 15% que ya está en una relación abierta —cinco veces más que sus padres de la Generación X. Entre los millennials, el 64% se muestra abierto a la ENM. Un informe de 3RDER publicado en diciembre de 2025 señaló que más del 70% de sus encuestados reportan un interés fuerte en estructuras poliamorosas o abiertas, con el grupo de mayor entusiasmo siendo individuos urbanos bisexuales y pansexuales de 25 a 29 años.

Para hombres que quieren explorar este terreno, el punto de entrada más común actualmente son las plataformas especializadas. Feeld, la aplicación diseñada para relaciones no convencionales, creció un 368% entre 2021 y 2025, con un incremento de nuevos usuarios del 200% en ese mismo período. The Guardian reportó en junio de 2025 un crecimiento interanual del 30% en su base de usuarios en un momento en que la mayoría de las apps de citas perdía usuarios. En el informe Feeld Raw 2025, publicado en mayo de 2026, la plataforma reportó que «heteroflexible» es la identidad sexual de mayor crecimiento en su base, con un incremento del 193%, y que el interés en el pegging entre hombres cis creció un 200%, lo que los propios analistas de la plataforma interpretan como una redefinición en curso de la masculinidad y el placer.

Para un hombre que inicia en este espacio, los talleres de poliamor y ENM son cada vez más comunes en ciudades europeas y estadounidenses, organizados por comunidades como OPEN (Organization for Polyamory and Ethical Non-Monogamy), cuya encuesta de 2023 reveló que el 60% de sus miembros se identifica como poliamoroso y el 48.7% lleva entre uno y seis años practicando la no-monogamia. La curva de aprendizaje es real: el poliamor exige niveles de comunicación emocional que la mayoría de los hombres no han desarrollado en estructuras monógamas, y los conflictos más comunes giran en torno a la gestión de los celos, la distribución del tiempo y las asimetrías en el nivel de compromiso entre compañeros.


Los clubes de swingers en Europa: cómo funcionan por dentro

El swinging —el intercambio sexual consentido entre parejas— tiene en Europa una infraestructura más organizada y socialmente aceptada que en la mayoría del mundo. Ciudades como Ámsterdam, Berlín, Barcelona y París albergan clubes con décadas de historia, clientela estable y reglas de etiqueta muy precisas.

El acceso suele estar estructurado por categorías: las parejas heterosexuales pagan entre 50 y 82 euros por entrada, incluyendo algunas consumiciones; las mujeres solas pagan considerablemente menos —a veces nada; los hombres solos pagan significativamente más, cuando se les permite entrar en absoluto, con tarifas que pueden alcanzar los 148 euros. Esta asimetría de precios refleja una lógica de oferta y demanda que opera sin eufemismos: los hombres solos son el elemento más abundante y, según los clubes, el que requiere mayor gestión para mantener la atmósfera deseada. Las parejas —especialmente las femeninas— son el activo escaso.

Las reglas son uniformes en casi todos los establecimientos de reputación. El consentimiento es inviolable y no negociable. No se permiten cámaras, móviles en zonas de actividad, ni sustancias ilegales. Los códigos de vestimenta son estrictos: ropa elegante, lencería o el dress code del evento —el chándal es expulsión directa. En los clubes con zonas mixtas, como el Libert Barcelona, los hombres invitados a áreas de parejas deben anunciarse antes de entrar y regresar a su zona una vez terminado el encuentro. El factor más determinante para la admisión, antes incluso de la tarifa, es la discreción y la presentación personal. El propietario del club determina en la puerta, con una mirada, si dejas pasar o no.

La demografía en estos espacios tiende a concentrarse entre los 20 y los 40 años, aunque hay variación considerable según el club y el día de la semana. Algunos establecimientos organizan noches temáticas: BDSM, noches para la comunidad queer, o eventos de fetish específico, lo que ha ampliado considerablemente el perfil de asistente respecto a hace dos décadas.


El slow dating: por qué la gente está abandonando Tinder

El slow dating no es un movimiento organizado con manifiesto. Es la descripción que se le ha dado a un comportamiento emergente: personas que dejan de usar apps de citas masivas para buscar conexiones más lentas, más deliberadas, más encarnadas. Las descargas de Tinder y Grindr cayeron un 20% desde 2020. El 85% de los usuarios de apps reporta haber sido ghosteado en algún momento. El 35% de los usuarios de Hinge admite no saber cómo iniciar una conversación profunda. El 42% de los adultos estadounidenses son solteros, pero los datos de actividad real muestran que casi tres cuartas partes de las mujeres y más de la mitad de los hombres «apenas salieron» en el período analizado.

La respuesta de algunos sectores de Gen Z —especialmente urbanos— ha sido recuperar modelos de encuentro que parecían arcaicos: eventos de citas sin teléfono, speed dating analógico, cenas a ciegas organizadas por amigos, encuentros en contextos de interés compartido (cursos, clubes de lectura, deportes). La Gen Z está, literalmente, «desconectándose de las apps y buscando amor en el mundo real», según un análisis de The Good Men Project de marzo de 2026. Bumble registró en sus datos de 2025 que el 84% de los usuarios declara querer «una conexión romántica profunda», lo que contrasta dramáticamente con la lógica de deslizamiento izquierda/derecha que define la experiencia real de la mayoría de las apps.

El slow dating, en su versión más coherente, no rechaza la tecnología como tal: rechaza la gamificación de la intimidad. La propuesta es que el deseo necesita tiempo para desarrollarse, que la atracción física es solo un primer filtro, y que las apps han optimizado para el volumen de encuentros en lugar de para la calidad de las conexiones. Para algunos hombres, esto implica reducir radicalmente el número de «matches» perseguidos y aumentar la inversión en cada uno. Para otros, es simplemente dejar la app instalada pero priorizar el mundo físico.


El futuro de la intimidad masculina: convergencia de tecnología y presencia

Las tendencias que parecen paralelas —IA compañera, teledildónica, poliamor, slow dating— convergen en un punto que todavía no tiene nombre preciso: la recalibración del hombre contemporáneo respecto a qué necesita de otro ser humano, y qué puede o quiere externalizar. Un cuarto de los hombres jóvenes ya considera que las novias y novios IA son el futuro. Al mismo tiempo, el 71% de los miembros de Feeld ven los estilos relacionales alternativos como completamente normales, lo que sugiere que la no-monogamia está dejando de ser una práctica de nicho para convertirse en una opción legítima en el menú de posibilidades.

La tecnología seguirá presionando en ambas direcciones. El mercado sextech de 50 mil millones de dólares en 2025 apunta hacia los 200 mil millones en 2034, impulsado por IA conversacional, realidad virtual e integración biométrica. Los sistemas de compañía IA se volverán más sofisticados en simular presencia emocional. Pero la evidencia científica de 2025 y 2026 es consistente en señalar que ninguna IA, por más refinada que sea, produce los efectos de bienestar a largo plazo que genera el contacto humano real. El chatbot puede aliviar la soledad en el momento; no puede construir el tipo de historia compartida que hace que alguien sienta que importa en la vida de otro.

Lo que sí parece estar cambiando de forma irreversible es el umbral de lo que los hombres están dispuestos a aceptar como «norma». El modelo del hombre estoico que gestiona su deseo en silencio, se casa con la primera pareja disponible y nunca habla de lo que quiere está, si no muerto, seriamente herido. Lo que emerge en su lugar es más complicado, más volátil, y probablemente más honesto: hombres que usan IA para practicar vulnerabilidad, que experimentan con estructuras relacionales no convencionales, que se cansan de las apps y buscan rituales de conexión más lentos, que entran a clubes de swingers con el mismo espíritu con que otros van a un retiro de meditación. La arquitectura del deseo masculino no está colapsando. Está siendo rediseñada, en tiempo real, por quienes la viven.

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